martes, 28 de mayo de 2013

Lágrimas de felicidad

Aunque no son única que me gustan, adoro las lágrimas de felicidad, me parecen una de las herramientas más poderosas de este mundo. Son la representación de convertir algo amargo como es la lágrima en, sin encontrar otras palabras, acogedor. De pequeña, tenía unos pañuelos de papel especiales sólo para lágrimas de felicidad, porque venían pocas veces y eran especiales.

¿Cuánto cuesta una de esas? ¿Cuánto estarías dispuesto a pagar por ver una y ser su responsable? 

Hoy, he tenido uno de los encuentros más bonitos de mi vida. Nunca me ha gustado dar dinero a la gente que pide en la calle por muchas razones, pero he visto a una viejecilla y he pensado que, acabara donde acabase, tenía que darle algo. A la vez, una mujer de mediana edad se acercaba para hacer lo mismo y cuando echábamos a andar, me habló, a mí, que sé con certeza que no soy de dar buenas primeras impresiones (hay que tener cojones vaya). 

  Con su humildad y cercanía me dijo cosas como "todos podemos acabar así" y "Yo que soy cristiana, no puedo mirar a otro lado". Una conversación normal, que acaba con un "pues tienes razón" y "hasta luego, tenga buen día". Pero siguió hablando y me contó su historia. Estaba buscando una consultoría de abogados, la habían despedido por una lesión de rodilla, se había quedado en paro y ni siquiera le iban a pagar los últimos días.

 Entonces, mi cabeza hizo ese "click" especial que siempre me asusta. Ese momento en el que todo encaja, que ayer leyera la lectura del joven rico (Mc 10, 17-27), mis mentorías, la canción de los Beatles, hechos de mi vida ...todo, encajaba.

  Así que con cariño, le dije que Dios siempre te devuelve más de lo que has dado, e hice una gran inversión, un trozo de papel a cambio de muchas lágrimas de felicidad cayendo por el borde de las ojeras de una mujer cansada de luchar, hacía tiempo que no sentía algo así, todo daba igual, sólo existían esas lágrimas, eran felicidad, de dos desconocidas que decidieron en un momento puntual poner el amor por delante del dinero.

  Qué sabia es la vida y qué poco la dejamos actuar sobre nosotros.

  Todo el mundo quiere llegar lejos en la vida, yo también, todos tenemos metas, a todos los jóvenes nos gusta imaginar nuestra vida y a la gran mayoría, a ser posible, con bastante dinero.

  Pero, ¿Cuántas lágrimas de felicidad se podrían conseguir con un coche? 

  Hoy he aprendido algo, lo que vale un gesto, lo que vale un papel. el dinero no da la felicidad, lo siento en mis carnes, en mi corazón y como dicen los beatles, algunos que no lo saben, se merecen un buen capón.



 

martes, 21 de mayo de 2013

El momento de antes de acostarse

    Los días tienen muchas partes, a no ser que te quedes dormida y amanezcas tras doce horas de sueño. Uno de esos momentos es el de antes de dormirse, da igual lo ocupada que hayas estado en todo el día, da igual que hayas dejado tu corazón aparte o que le hayas dedicado todo tu tiempo y entrega a tu verdadero amor la Medicina. Cuando te tumbas en la cama todo vuelve, todas tus preocupaciones, las pequeñas desgracias que desaparecerán en un par de semanas, te acechan. 

  Muchos deciden dejarlas atrás, no pensar en ello y avanzar así día tras día arrastrando cada vez más pequeñeces que hubieran sido fáciles de solucionar en su día. Yo personalmente, después de estar meses haciendo el imbécil, tomé la decisión de no rebajarme a creerme capaz de no sufrir, y sufro, y lloro. Tanto como necesito, sin sentirme más débil, porque la sal de las lágrimas curan mis heridas y cicatrizan.

   Hago todo esto, porque sé, que después, llega ese grandioso momento en el que se ha curado, ya no duele, ya puedo hablar de ello abiertamente, respirar profundo y sentirme feliz, no porque las cosas vayan bien en mi vida, sino porque yo estoy bien por dentro.

   He dejado a personas pasar dentro de mí, más de las que debería y menos de las que me gustaría, y corro el riesgo de romper mi paz interior cada vez que lo hago. Pero, ¿qué es un corazón sin cicatrices? 

   Creo que cada vez que me rompen una ilusión, crezco un centímetro y estoy más cerca de alcanzar las estrellas, aunque me quede sola y el aire sea más frío a medida que subo, cuando llegue al sol, todo volverá a ser cálido.

   Me gusta pensar que si no sufro, jamás podré ayudar bien a los que sufren, y por eso y por otras muchas razones, disfruto de mi sufrimiento.

  Hoy, si toca, volveré a pasar un pequeño mal rato, si toca, nunca se sabe. Pero lo importante lo tengo claro, ya llevo crecidos 0'7 cm del que me queda por crecer con esto.